Cuando hablamos de vaginismo, nos referimos a una contracción involuntaria de los músculos de la vagina, que puede venir derivada de una experiencia negativa (vaginismo secundario) o no ser así (vaginismo primario). Esta contracción hace que la penetración sea dolorosa, lo que se conoce como dispareunia y suele acompañar al vaginismo en muchas ocasiones, o incluso imposible, ni siquiera para introducir tampones, juguetes o los dedos.
La mochila que llevamos
El vaginismo no es algo “que está en tu cabeza” como piensa mucha gente, es una respuesta física a un hecho de nuestra historia sexual (o biografía erótica, como nos gusta llamarlo a los sexólogos). Para que nos entendamos: todas las personas llegamos a las relaciones sexuales con una mochila cargada de nuestras experiencias. No solo de nuestras experiencias “en la cama”, sino también de nuestras ideas, creencias y miedos en torno a todo lo que tenga que ver con ello.
¿Están disminuyendo los casos de vaginismo?
Durante muchos años, desde principios de los 2000 hasta hace poco, muchos profesionales decían que los casos de vaginismo iban cada vez a menos; que cada vez se encontraban menos mujeres que no podían tener penetración porque su cuerpo reaccionaba con una contracción involuntaria, en la mayoría de los casos como respuesta a un miedo. Mi experiencia en consulta es bastante diferente.
Es cierto que no se trata de un miedo claro y consciente en muchas ocasiones, a veces el cuerpo va por delante porque ha aprendido a comportarse así. Piensa por ejemplo en cuando estás estresada y aprietas los dientes. Esto hace que a veces sea dificil identificarlo correctamente o no confundirlo con otras cosas.
Cuando el vaginismo se disfraza, normalizar el dolor tiene consecuencias
Desde que empecé hace ya unos cuantos años a pasar consulta, he recibido muchos casos de vaginismo. El problema es que a veces vienen disfrazados de “no tengo ganas”, “me da pereza”, “no me conozco”… para acabar llegando a que la penetración es dolorosa (dispareunia) y hay contracción aunque han aprendido a convivir con ella y la han normalizado.
En una sociedad en la que el dolor, la incomodidad y el miedo se normalizan, pero no se abordan, acaban saliendo por otro lado. En este caso, en forma de temor, de incomodidad ante las relaciones y de tener cada vez menos ganas, porque ¿quién tiene ganas de hacer algo que, se supone que es placentero, pero que me hace sentirme mal cuando lo hago?
Si a esto le añades presión social y quizá hasta por parte de la pareja… queda un cocktail molotov perfecto para que nos encontremos mal y acabemos culpándonos de cosas de las que no deberíamos.
No te preocupes, no estás sola. El vaginismo es mucho más común de lo que pensamos, cada día en consulta trabajo con mujeres en esta misma situación. Con acompañamiento o terapia sexológica y con tiempo y ganas, es un problema que puede solucionarse.
Si esto te pasa y quieres ponerle solución, puedes contactar conmigo o con algún otro profesional de la sexología que trabaje estos temas.


